Fuengirola se puede leer también a través de sus esculturas, fuentes, homenajes y murales. El Paseo de los Murales de El Boquetillo es la referencia más conocida, y con razón: reúne más de veinte obras de gran formato y ha convertido el barrio en un museo al aire libre con mucha personalidad marinera y mediterránea. Pero si sigues caminando, la ciudad va dejando otras pistas. Monumentos ligados a su pasado pesquero, guiños al turismo, piezas contemporáneas junto al mar y rincones que muchos vecinos ya miran sin pensar, aunque formen parte del paisaje emocional de Fuengirola.
La ruta más natural es esta: salir del centro, asomarse a El Boquetillo, bajar al paseo marítimo y seguir caminando hacia Los Boliches y Torreblanca. Son diez paradas que ayudan a entender que aquí el arte no está encerrado. Está en la calle. Y casi siempre cuenta algo de la ciudad.
Una ruta de 10 paradas para mirar Fuengirola de otra manera
1. Monumento a los Reyes Católicos
Es un buen punto de partida porque conecta el paseo con una idea muy clara: Fuengirola no es solo mar y ocio. También tiene capas históricas. En la plaza que lleva su nombre, esta escultura significa un pequeño recordatorio de la ciudad que existía antes del perfil turístico actual.
2. Paseo de los Murales de El Boquetillo
Aquí conviene desviarse un momento. Porque hablar de arte al aire libre en Fuengirola sin pasar por El Boquetillo sería dejar fuera una parte esencial del relato. Murales como Mirada Mediterránea o el dedicado a Pablo López han dado al barrio una identidad nueva sin borrar la anterior.
3. Monumento a las Tres Generaciones
De vuelta al centro, esta pieza tiene algo muy local: habla de familia, continuidad y memoria cotidiana. No es una obra grandilocuente. Y precisamente eso la hace especial. Resume muy bien esa Fuengirola vivida de puertas adentro, más doméstica y reconocible.
4. Monumento al Turista
Pocas esculturas explican tan bien una transformación urbana. El nombre ya lo dice todo. Sirve para recordar que el turismo no fue aquí una anécdota, sino una fuerza que cambió el ritmo, la economía y hasta la imagen de la ciudad.
5. Fuente de los Peces
En el paseo marítimo, esta fuente tiene ese aire de postal antigua que muchas ciudades han perdido. Su gracia está en que sigue ahí, sin necesidad de llamar demasiado la atención, aportando un punto clásico y familiar a una de las zonas más transitadas.
6. Nuestra Señora del Carmen
La imagen de la Virgen del Carmen en el paseo no es un simple adorno. Resume la relación íntima de Fuengirola con el mar y con sus barrios marineros, especialmente Los Boliches. Aquí el arte se mezcla con la devoción y con una identidad que sigue muy viva en julio, pero también el resto del año.
7. Monumento al Pescador ‘El Jabegote’
Hay lugares que se explican mejor desde sus oficios que desde sus avenidas. Esta es una de esas paradas. El Jabegote no está ahí solo para decorar, también para recordar que antes que turística, Fuengirola fue marinera. Y que ese origen sigue latiendo en muchos de sus símbolos (además de en su gente).
8. Homenaje a los Pescadores Bolicheros
Si sigues caminando hacia Los Boliches, esta parada ayuda a afinar todavía más la mirada. Ya no se trata solo del mar en abstracto, sino de una comunidad concreta, con apellidos, faenas y memoria de barrio. Es una pieza muy conectada con el orgullo local bolichero.
9. Banco de Boquerones
Aquí el homenaje marinero cambia de registro y se vuelve contemporáneo. La obra de Tomás Castillo, formada por cientos de boquerones de acero inoxidable, convierte un banco de peces en escultura urbana. Es visual, fotogénica y bastante más ingeniosa de lo que parece a simple vista.
10. Monumento a la Peseta y Mano Abierta
La ruta puede cerrar con dos guiños muy distintos. El Monumento a la Peseta, en Los Boliches, es uno de esos símbolos que todo el mundo identifica y que siempre despierta una sonrisa o una conversación nostálgica. Bueno, quizá a las nuevas generaciones sea necesario explicarle que se trata de la antigua moneda existente en España hasta la llegada del euro. Más adelante, ya en el tramo de Las Gaviotas-Torreblanca, Mano Abierta introduce otra sensibilidad: una pieza más contemporánea, más serena y muy bien integrada en el paseo litoral.
Al final, lo interesante de esta ruta no es solo lo que enseña, es lo que revela. Que Fuengirola tiene mucho arte fuera de los museos. Y que, más allá del Paseo de los Murales, solo hay que caminar un poco para entender que el municipio lleva años contándose a sí misma a través de sus plazas, su paseo marítimo y su forma de mirar al mar.